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Trinidad y Tobago
DETALLE DEL DESTINO

Ciudad histórica y Patrimonio de la Humanidad

Fue fundada hacia el 1500, pero, a pesar de su temprano nacimiento, por dos siglos sólo fue un refugio para los contrabandistas ingleses, que traían esclavos desde Jamaica y utilizaban Trinidad como guarida. Allí los hacían trabajar en las plantaciones de azúcar y también los ponían al cuidado del oro. Su historia de delincuentes y piratas del océano duró más de doscientos años, hasta que una revolución de prisioneros en Haití obligó a los franceses a abandonar este territorio y a mudar a Trinidad su pequeño imperio. Así, la ciudad se impregnó de costumbres europeas y caribeñas, dando lugar a una muy interesante combinación de tradiciones. Sus principios colonialistas no fueron para nada pacíficos. Los nativos reclamaban a gritos su independencia, y en sus revueltas arruinaron por completo la base de su riqueza: las plantaciones. Entonces, los europeos abandonaron Trinidad, dejando a sus espaldas las tierras ya pobres. El territorio quedó desolado. Los nativos, aislados y desorientados, quedaron en la obscuridad. La ciudad comenzaba a sufrir su decadencia. Ubicada en medio del Caribe, el aire de Trinidad es tibio y hace mucho calor. Sus playas son eternas y aseguran las mejores arenas de Cuba. El mar tiene los colores más intensos y el cielo está siempre despejado; no hay momento en que el sol no penetre la tierra. Las cruces de las catedrales góticas se desdibujan entre las pocas nubes. Desde las cúpulas, el barroco nos recuerda los tiempos de los colonos, nos trae a la mente un territorio con sabor a saqueos y tesoros. Trinidad tiene una atmósfera misteriosa, que se reencarna en las mansiones inglesas y en sus edificios coloniales. Los techos son rojos y las paredes, amarillas. No sin razón han sido pintadas de este color: el blanco sería enceguecedor por el reflejo del sol. El gris de sus calles empedradas realza aun más el contraste de colores. Los rayos de un sol tropical terminan por completar un escenario típicamente cubano. Caminar por sus calles es retroceder en el tiempo. Son un excelente ejemplo de la arquitectura del 1600, y por eso mismo fue bautizada por la UNESCO como ciudad histórica y Patrimonio de la Humanidad. En un pequeño espacio se concentran mar, historia y museos. Trinidad es una ciudad que garantiza un no al aburrimiento, con el mejor ritmo caribeño.
Los imperdibles:
  • Museo arqueológico
    Expone una colección de piezas realizadas por los indígenas. Nos propone remontarnos a los primeros años de la civilización desde su arte primitivo.
  • Museo de Arte Decorativo
    Un antiguo palacio ha sido remodelado y transformado en este museo. Sus diferentes ambientes nos introducen en los distintos estilos del arte decorativo.

  • Museo de Ciencias Naturales
    Para conocer las peculiaridades de la flora y la fauna cubana hay que visitar este museo.

  • Museo del Romanticismo
    Guarda una importante colección de aquella época. Ideal para comprender el movimiento artístico a partir de las antigüedades que presenta

  • Taller alfarero
    Un enorme taller de cerámicas donde los artistas realizan sus obras a la vista de todos y también las exponen para la venta. Los lugareños se ocupan de conservar las técnicas tradicionales de alfarería.

  • Topes de Collantes
    En las afueras al norte de Trinidad, se encuentra esta ciudad, en las montañas Escambray. Hay un inmenso bosque tropical, ideal para quienes busquen acercarse a la selva.

  • Torre Iznaga
    A cincuenta metros de altura, la terraza de este edificio de arquitectura colonial nos ofrecerá la mejor vista de la ciudad. La torre era utilizada para vigilar a los trabajadores de las plantaciones de azúcar durante los tiempos de los colonos.







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